Suenan sones de un final de etapa en el Unicaja, no puede postergarse más. La era Casimiro debió terminar en Mónaco, donde el equipo encajó su novena derrota en 10 partidos y se complicó mucho su permanencia en la presente Eurocup. Es la resolución que debe ejecutar en las próximas horas el Consejo de Administración cajista, en su tejado está la pelota. No es la solución única, mas sí se antoja indispensable. Es el malagueño un club siempre y en todo momento muy mesurado para dar ese paso del relevo en el banquillo, mas la situación es ya insostenible.
La época pende de un hilo en el primer mes del año. No jugó un partido terrible el Unicaja a lo largo de 25 minutos, dominó hasta por 14 puntos en el segundo cuarto, mas es la falta de consistencia hecha equipo, no hay firmeza ninguna, es un edificio sin cimientos que treme con un empujón. Tuvo una actitud aceptable a lo largo de 25 minutos, defendió entre mal y regular, como acostumbra a, Lessort hizo un cráter en el aro cajista... Y llegó lo ineludible, la derrota cuando el Mónaco, que salió algo frío, sin mucho ritmo pues juega un partido por semana, elevó posibilidades protectoras. El aro se hizo minúsculo y el propio, muy grande para el contrincante. No se puede competir de este modo en Europa.

Llegó a los 90 puntos tradicionales el Mónaco. Y se encajó una derrota que, clasificatoriamente, deja tocadísimo (90-71) al Unicaja. Mas éticamente y como corporación, todavía más. Fue un fracaso y ya el lenguaje anatómico de los jugadores en el tramo final delataba la situación, siendo conscientes de que tampoco han estado a la altura. Ellos no se pueden ir de balde de este desastre, tienen una cuota alta de responsabilidad en esta situación. Cuando el contrincante asuela cogiendo rebotes en el aro propio una y otra vez, partido tras partido, cuando desborda con un sistema simple, cuando por intensidad y agresividad se adelantan... La culpa no puede ir solo para el banquillo.

La situación es muy, muy dura, pues la que había de ser la competición vertebral de la época está muy en el alambre, demanda un pleno y remontar averages. Entelequia pura para este equipo. Y un cambio de adiestrador puede progresar la activa mas no solucionará las gravísimas faltas estructurales que tiene la plantilla, que han emergido con crueldad desde mediados de diciembre. En una temporada de apreturas económicas generales no abunda el dinero. Y es lo único que puede solventar algo, fichar dos jugadores que enriquezcan el plantel en cualidades que faltan por arrobas. Era espantoso ver de qué manera el Mónaco iba al rebote y no había contestación. Lo había advertido Casimiro en la anterior, mas cuando no hay, no hay.

El Unicaja salió al partido con buen nivel de concentración y con Deon Thompson conectado. La presencia de Alberto Díaz proporcionaba calma y poso y el comienzo no pudo ser mejor, 0-10 en los 4 primeros minutos. La defensa del Unicaja no era un prodigio, mas prefería entregar el tiro exterior, suerte en la que el Mónaco no supera el 30 por ciento . El inconveniente es que había un agujero en el rebote de ataque. Casimiro apostaba por Gerun como titular y Nzosa y Ferrari salían de la rotación, la comprimía para buscar quizás más ritmo. El congoleño saldría después. El regreso de Bouteille daba otra vía asimismo diferente.

El Mónaco empujaba al final del primer cuarto (17-20), mas otra buena salida de parcial dejaba al Unicaja reanudar una ventaja esencial, hasta un máximo de 14 puntos (21-35). Dada la inestabilidad del equipo malagueño, no era motivo para cantar victoria y se verificó poco después. Lessort hacía un butrón, indiferentemente a Gerun y Guerrero. Y con un misérrimo 10/37 en tiros de campo y 5/11 en tiros libres, el Mónaco estaba de manera plena en el partido al reposo. En los últimos minutos, Mitrovic había puesto N’Doye sobre Alberto Díaz para colapsar el ataque cajista (31-39).

Lo ineludible pasó en el segundo, el hundimiento cuando el Mónaco subió el nivel. Se encajaron 59 puntos en la segunda mitad, niveles inaceptables para un equipo que se marcha arrastrando en el último mes y medio. Es triste contemplar el derrumbe de un proyecto en plena temporada. Ha llegado en el primer mes del año y ha llegado el instante de tomar resoluciones radicales. Si hay algo de interés en mudar esto.

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