El Real Madrid empezó la época como la terminó. Levantando un título, uno más en la era Laso, que le sostiene en el trono de la ACB. Lo hizo ganando al Barcelona, cuya renovación millonaria no le alcanza todavía para superar a los blancos, que pasaron el día de ayer sobre el efecto Mirotic para conquistar la Supercopa en un duelo intensísimo que adelanta una campaña llena de emociones.


El homenaje a los vencedores del planeta sirvió de inopinado hermanamiento entre los 2 equipos. Un paréntesis ya antes de la batalla. Entonó el Palacio el «¡Qué viva España!», con aplausos para Rudy Fernández, Llull, Claver, Oriola y Ribas, en el único impás que tuvo el partido. Pues fue lanzarse el balón al aire y empezar las hostilidades.

Fue Mirotic, pitadísimo por el público, el primero en pegar. Lo hizo con un triple que, lejos de asistirle a sacudirse la tensión, favoreció un mayor encarnizamiento de la grada con él. No ha sido un fin de semana fácil para el montenegrino, más pendiente por instantes de lo que pasaba fuera que en la cancha. Incluso de esta forma, fue el Barcelona el que mejor comprendió el comienzo, en el que el Madrid se mostró de forma extraña precipitado y deseoso. Tardó prácticamente 4 minutos en anotar su primera canasta el conjunto blanco, mas cuando lo logró, entró en éxtasis.

Fue un desarrollo lento y seguro en el que la defensa fue protagonista, con Deck y Tavares como primordiales razonamientos. Se estrellaba contra ellos el Barça una y otra vez. Desquiciado el equipo blaugrana y asimismo su adiestrador, que vio de qué manera le pitaban una técnica por protestar de forma ostensible. Si no hubiese sido por Delaney y sus 2 triples sucesivos ya antes del final del cuarto, el panorama habría sido ya desolador para los catalanes (21-20, min. 10).

Se le complicó mucho con el comienzo del segundo periodo, ya con Rudy en cancha. El tirotear dio comienzo a un parcial de 21-7 que impulsó claramente a los blancos (42-27, min. 17). Era un vendaval el Madrid, en el que todos hallaban un resquicio para sumar. Hasta Jordan Mickey, uno de los recién llegados, se atrevía con acierto desde el perímetro. Un espectáculo que puso contra las cuerdas al Barcelona (47-29, min. 19) ya antes del reposo.

Estaba en inconvenientes el preferido, cuya millonaria renovación de vestuario no era suficiente para hacer frente al vencedor. Jugaba de memoria el Real Madrid, donde todos conocían su papel. Solidarios y concentrados. Cumpliendo el guion desarrollado por Laso, al que este papel de víctima le vino realmente bien. Extendió su liderazgo el equipo blanco hasta los 19 puntos (54-35, min. 23), instante en el que Davies decidió hacer su presentación oficial en la ACB. El nuevo americano del Barcelona se echó el equipo a la espalda y lideró la remontada blaugrana con 12 puntos en el tercer cuarto, que acabó con ventaja del Madrid, si bien asumible ya para los catalanes (69-63).

Quedaban diez minutos intensos y Laso demandó a sus gladiadores, entre aquéllos que resaltó Deck, de cuyo duelo bello con Mirotic brincaron chispas. Apretó Higgins de comienzo, estrechando más el margen (69-65, min. 31) y reaccionó el Madrid a través de Felipe Reyes. Siempre y en toda circunstancia el capitán, por el que pasan los años, mas no degenera la intensidad. Se transformó el choque en un ir y venir de canastas. Golpes de ida y vuelta, en los que el Barça fue poquito a poco acercándose en el marcador (84-79, min. 38). Solo bajó los brazos el equipo blaugrana cuando Campazzo –inmenso a lo largo de todo el partido y MVP de la final– sentenció el choque con un triple al que no pudo dar réplica Mirotic, cuyo efecto no le ha servido, por el momento, al Barcelona para deponer al Real Madrid. Vencedor, nuevamente.


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