Hizo los deberes a medias el Espanyol en Budapest. No logró la victoria que le clasificaba como primero de conjunto sin aguardar resultados de terceros, mas el empate del Ludogorets en la ciudad de Moscú unido a su igualada en Budapest lo ubica en dieciseisavos como cabeza de serie, donde su contrincante va a salir del bombo de los segundos clasificados.

En un final de genuina insensatez, Darder se disfrazó de héroe blanquiazul en la última jugada del encuentro para lograr el tanto del empate espanyolista (2-2) con un cabezazo llegando como un tráiler desde atrás una vez que el Ferencvaros se hubiese adelantado en el marcador de penalti en el minuto 90. La ráfaga del Espanyol sin perder en Europa aumenta hasta los 26 partidos de milagro. La mejor nueva, no obstante, es que el 'Darderismo' está de vuelta.

Pablo Machín ya había sobre aviso en la anterior que iba a introducir bastantes cambios en su alineación en comparación con último encuentro liguero frente al Getafe y no falló a su palabra. El soriano solo sostuvo en el once a Diego López en portería, Calero en defensa y Campuzano arriba. Se habían quedado fuera de la lista titulares frecuentes como David López, Marc Roca, Víctor Sánchez o bien Wu Lei. Javi López, Piatti, Naldo, Ferreyra y Vargas, por su lado, ocasionaban baja por lesión.

La apuesta del técnico por Corchia y Pipa para ocupar los carriles (derecho el francés y zurdo el canterano) no fue una sorpresa. Como tampoco la incorporación de futbolistas con peso en el conjunto como Granero o bien Melendo. Lluís López, Calero y Dídac Vilà configuraron la línea de 3 centrales; y Pol Joven y también Iturraspe completaron la sala de máquinas blanquiazul.

Tanto cambio, no obstante, desmanteló los automatismos que el equipo había adquirido desde la llegada de Machín al banquillo. Y lo acusó el Espanyol en el arranque pese a que tuvo paciencia para hacer circular el balón de un lado a otro en pos de espacios. Le bastó al Ferencvaros con amontonar hombres atrás para cerrar todas y cada una de las vías de ataque pericas.

En pleno rapto húngaro llegó el primer tanto del encuentro, obra de Siger en una acción llena de fortuna. Isael envenenó con un golpeo dulce una falta escorada desde su casa y tras pegar el balón en el palo fue a parar fallecido a las botas del centrocampista de las 'Águilas Verdes', que superó a Diego López con un zapatazo de primeras inaccesible para el meta.

No acusó, sin embargo, el Espanyol el golpe y se recompuso con prontitud. De tal manera que menos de diez minutos después ya había anulado el beneficio del Ferencvaros. Pipa ejercitó de Juan Palomo en banda izquierda para llegar hasta línea de fondo, superar a su par con un cañito exquisito y servir en bandeja el empate a Melendo, cuyo disparo desde el punto de penalti no fue bueno mas acabó en internet por el hecho de que tocó en un contrincante.

Tuvo entonces el Espanyol 5 minutos de buen futbol que pudieron hacer caer la balanza de su lado ya antes del reposo. Lo evitó el buen hacer de la defensa húngara, que si bien no halló antídoto para las cabalgadas de Pipa por la siniestra capeó el temporal como pudo. Si de algo va sobrado este Espanyol es de calidad por ese perfil del campo.

Tras el paso por vestuarios insistió el conjunto blanquiazul y a punto estuvo de sacar petróleo Granero al salir de un saque de esquina. El Pirata vio a Dibusz, el portero del Ferencvaros, fuera de lugar y le procuró las cosquillas con un lanzamiento directo que no halló las mallas de milagro.

Asimismo a balón parado respondieron los alumnos de Serhiy Rebrov, aquel mítico delantero del Dinamo de Kiev en la temporada de Shevchenko. Isael colgó con música el cuero desde el córner y a Siger, autor del primer tanto de las 'Águilas Verdes', le faltó dos números de bota para levantar al público de las gradas del Groupama Arena.

Puso más leña al fuego el técnico del Ferencvaros con la entrada de Zubkov, un zurdito de mucha clase cedido por el Shakhtar en Budapest. Mas fue el brasileiro Isael quien rozó el segundo tanto verde en un latigazo desde el borde del área que se halló con la madera. Había tocado a refuto el conjunto húngaro, que procuraba la portería espanyolista con delirio.

La solución de Machín fue dar entrada a Moha por Granero. Y prácticamente le rinde intereses al soriano inmediatamente, puesto que poco después Campuzano disculpó lo inexcusable ante Dibusz. Por aquel entonces el partido ya se había roto por completo, lo que desembocó en un penaltito absurdo de Calero. Arregló el desaguisado Diego López deteniendo el lanzamiento desde los once metros, mas debió sufir el Espanyol hasta el final para ampliar la ráfaga de partidos sin perder en Europa hasta la cantidad de 26, pues Skavarka no disculpó el segundo penalti que le pitaron a favor al Ferencvaros y si no fuera por el oportunismo de Darder en la última jugada del partido (el centro se lo puso Pipa) el cuento de hadas blanquiazul en Europa hubiese llegado a su fin en Budapest.


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