Fue una noche de viernes estupenda en Mestalla, un gran partido en otro de los tradicionales de la Liga que, analizado fríamente desde el resultado, sirve de poco para Valencia y Atlético, exprimidos al límite el día de ayer en un empate digno de aplauso. Se adelantó un par de veces el combinado rojiblanco, bien en la presión con Thomas y Llorente multiplicándose por todos, y reaccionó en las dos ocasiones el Valencia, que tiene un tesoro con Ferran Torres, indudablemente uno de los futbolistas de la época y que revolucionó el combate con una exhibición soberbia.

Ya antes de examinar el partido en sí, hay síntomas que invitan a meditar en una evolución conveniente tanto del Valencia como del Atlético, a los que no se les puede dar aún el alta, mas que no están tan enfermos como hace dos semanas. Del Atleti, y ahora que llega la serio con esa inquietante esa eliminatoria contra el Liverpool que comienza el martes próximo en el Wanda, se puede decir que late, corre y lo procura, y no siempre y en toda circunstancia fue de este modo en este curso tan desilusionante. De este Valencia ciclotímico, otro que tal baila, se puede resaltar su voluntad y sus ganas de levantarse tras los zarpazos, buena reacción pensando en la cita del miércoles contra el Atalanta.

La cuestión es que el Atlético descubrió que hay una receta muy simple para llegar a la victoria. Es suficiente con pretender ganar, con mirar más la portería extraña que la propia, con querer un tanto ya antes que evitarlo. De esta manera, y tras una triangulación entre Correa y Vitolo, los delanteros titulares ayer por la noche, la pelota quedó a huevo a fin de que Marcos Llorente la empujase en el área pequeña, su primer tanto en la elite. Llorente, nuevo con Simeone a lo largo del primer trimestre, se ha liberado y medra con sus llegadas al área, quizás de las mejores noticias en estos tiempos de dificultades rojiblancas.

Con poquísimo, el Valencia adquirió cierto peso en la riña, favorecido asimismo por esa tendencia ininteligible del Atlético de dar siempre y en toda circunstancia un paso atrás cuando tiene ventaja, un equipo pensado para triunfar desde la defensa sin la necesidad de la exuberancia ni del jolgorio. Fue una fase de dominio local evidente sin que tampoco hubiera riesgo, con lo que el empate debió llegar, de qué forma no, en un saque de esquina, que se han vuelto una pesadilla insoportable para este Atlético. Da algo de reparo ver lo que padecen los rojiblancos en un arte en el que ya antes eran los mejores y al Valencia le bastó con una jugada muy simple de pizarra para darse una alegría. Centro al segundo palo, Maxi Gómez desmarcado, asistencia de este al un montón y una cabeza, la de Gabriel Paulista, para castigar la inefectividad de la zaga de Oblak, descuidado a su suerte.

Salía un buen partido, cuando menos entretenido y eso es ya de dar las gracias con este Atlético, y hubo inmediatamente otro giro con una irrupción volcánica de Thomas, quien le hurtó la cartera a Parejo, avanzó unos 15 metros sin que Mangala y Paulista le inquietaran lo más mínimo y soltó un latigazo desde la frontal, un buen tanto para dignificar al fabuloso futbolista ghanés y para poner el broche al primer acto. Fue del mismo modo intensa la reanudación y el Valencia, qué menos, se empeñó en reconducir la situación.

Tiene un pelotero, Ferran Torres, con unas condiciones salvajes y solito se ocupó de encender a la parroquia de Mestalla, enamorada con las internadas del muchacho. Volvió desquiciado a Lodi (le apuntó sin reparos Simeone al reemplazarle), se cebó asimismo con Saúl y contagió a su equipo, al que nuevamente le llegó la inspiración en una jugada a balón parado. Un pase desde prácticamente medio campo de Parejo lo empujó Kondogbia cayéndose y sin saber de qué manera, absurda forma del Atlético de resguardar su gruta.

Quedaba media hora de pasión y lo procuraron los 2 conjuntos, cada uno de ellos a su forma. El Atlético, ya con Morata rehabilitado y en el campo, tuvo la suya, buen cabezazo del «9» y buena parada de Doménech. El Valencia, con Ferran en plan selección, proseguía maltratando por su banda derecha a la defensa rojiblanca, que, obvio, tiene un agujero en el lateral izquierdo. Thomas exhibía su disparo, los delanteros blanquinegros desaprovechaban sus ocasiones y Oblak, como siempre, efectuaba la parada salvadora de todas y cada una de las noches en el 90 a tiro de Gayá.


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