Como en la pasada Davis, el abalear le dio el billete a la final a la Armada tras ganar a un valiente Álex de Miñaur por (6-4, 5-7 y 1-6), uno de los exponentes de la 'Next Gen'. El australiano, de padre uruguayo y madre de España, tuvo contra las cuerdas al abalear hasta el final de la segunda manga, mas en el tercer y terminante set se desinfló.

La raqueta número uno de su país, 18 del planeta, desplegó su mejor tenis hasta la data. Un genuino recital de 'passing shots', resistencia desde el fondo de pista y gran servicio que sorprendió a Rafa hasta llevarle al filo de la desesperación.

De Miñaur no se achantó frente al gigante en ningún instante y fue puro dispendio de físico, talento y ganas sobre la pista. Tras la amarga derrota de su compatriota, Nick Kyrgios, a manos de Roberto Bautista, limpió la imagen de su combinado nacional y sembró el desvarío entre el público local, que no dejó de apoyarle. Rafa, como prácticamente siempre y en todo momento, soportó las embestidas del joven, de solo 20 años, igualando su intensidad en un tiempo de agobiante calor (21 grados y 67 por ciento de humedad), mas haciendo servir sus 2 primordiales cualidades: psique y experiencia. De este modo, aprovechó las dudas de su contrincante al término del segundo parcial, cuando al fin le rompió el servicio.

Rafa no levantó el pie del acelerador y siguió insistiendo. De Miñaur ya no volvió a hallar el ritmo, tampoco esa pizca de fortuna que acostumbra a sonreír a los jugadores cuando se hallan enrachados (por instantes recordó al Medvedev del pasado US Open). Al 'aussie', se le comenzó a hacer a la noche y, si bien siguió combatiendo hasta el final, se fue del partido ya antes de tiempo. Rafa metió el turbo y mitigó la magia y el desenfado de Álex, que se puede ir a casa muy orgulloso de su trabajo por el hecho de que no solamente le procuró, sino supo localizarle las cosquillas al manacorí con golpes planos muy potentes, cambios continuos en su servicio y agilidad de piernas.

A Nadal le costó mucho comenzar a sentirse cómodo, lo charlaba con Francis Roig en todos y cada visita al banco para recargar pilas. En verdad, perdió su saque solamente comenzar el duelo y le costó sostenerlo a lo largo de todo el primer set. Por si no fuera suficiente con lo anterior, cometió abundantes fallos no forzados y su revés no estuvo en especial fino. Rafa no supo como hacerle daño al australiano a lo largo de los primeros 50 minutos de duelo. De Miñaur no evitaba intercambios y, además de esto, los dominaba con claridad. Cuando daba la sensación de que Rafa tenía el punto ganado, sacaba la escuadra y el cartabón para tirar una bola a la línea imposible de devolver. Siempre y en todo momento tenía una jugada más bajo la manga. El segundo set prosiguió por esos caminos, mas el de España dio un paso adelante con su servicio y pulió sus restos, que llevaron más pretensión y efecto. Nadal asimismo comenzó a jugar con bolas a diferentes alturas y, poquito a poco, fue adueñándose de la situación. Cuando el duelo se fue al tercer set, a Álex se le apagó la luz por completo. Lo que quedaba: un halo intermitente.

Rafa no dejó de dar gas y amarró la eliminatoria. El dobles que ahora disputaron Feliciano López y Pablo Carreño, asimismo exitosamente, fue intrascendente. España va a estar este domingo en la final contra la Serbia de Novak Djokovic 88:30). No se dio en la Davis, mas sí se va a dar en la ATP Cup. La eliminatoria que todos aguardaban promete espectáculo, todo a principios de año. Serbia salió anímicamente tocada de la Caja Mágica de Madrid y se autoconvenció de desquitarse acá. España les aparta de la gloria. La Selección va a tener una cita con la historia: si gana mañana va a ser el primer combinado nacional en levantar los 2 mundiales en competición del tenis actual.


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