Ojos abiertos como en señal de atención, mirada fija y remera a listas. Novak Djokovic se ocultó en un tigre de bengala para resguardarse de cualquier género de riesgo. Y vaya que precisó esas condiciones para vencer al francés Lucas Pouille por 7-6(2) 6-1 en una hora y 26 minutos en el marco de los cuartos del Masters 1000 de Cincinnati, donde se va a medir mañana ante Daniil Medvedev por las semifinales y, de esa manera, procurar seguir firme en su camino cara la defensa del título conseguido el año pasado en tierras estadounidenses.


Tan solo el primer set sirvió de recompensa para todos aquellos entusiastas que pagaron por un tique para presenciar en vivo y en riguroso directo el partido. Asimismo a los que decidieron quedarse lúcidos o bien aplazar alguna salida con amigos. Los dos desplegaron un nivel superlativo. Firmes en sus juegos de saque, enfocados en sus tácticas anteriores, en esos estudios caseros para robustecer las virtudes y trabajar sobre las debilidades contrarias. En verdad, el francés propuso un juego casi perfecto a lo largo de ese periodo. Sin embargo, cuando llegaron al tiebreak pareció haberse producido un cambio de jugador. Tal y como si lo hubiesen sustituido. Bajó el nivel, se desconcentró, cometió 5 fallos no forzados seguidos y Djokovic, zorro viejo, no dejó pasar el tren y se acabó quedando con los penales por un concluyentes 7-2.

Entonces, el encuentro se rompió. Pouille se vio lejos en el marcador. Probablemente sintió el ahínco efectuado que acabó sin recompensa alguna. En consecuencia, dejó de pisar el acelerador, situación que aprovechó el serbio rompiéndole el servicio en 2 ocasiones sucesivas. Además de esto, cuando estaba 3-1 arriba logró levantar 3 chances de quiebre. Pura jerarquía.

Lo negativo para Nole fue que concluyó con un dolor en su brazo derecho –tuvo que llamar al fisioterapeuta-. Va a haber que ver como se halla mañana cuando se deba medir ante Medvedev, uno de los jugadores más consistentes tenistas del instante, en lo que van a ser las semifinales número 151 en su carrera. Una auténtica insensatez que sirven para dimensionar sus éxitos.


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